Fundación Fuerte
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El Hotel El Fuerte acoge las obras del artista Ricardo Alario que se podrán visitar hasta el día 15 de octubre

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En el año 1964, a finales de enero, entramos mi familia, ya amanecido por la carretera de la costa de aquel entonces, sorprendiéndonos las estructuras que conformaban las torretas que transportaban el mineral de la montaña a las bodegas de los barcos. En síntesis, la torre de carga es mi primer recuerdo de Marbella. Los dos hemos envejecidos y al igual que ella yo también noto el deterioro físico, visibles cuando se le desprenden trozo a trozo los pedazos de hormigón, a mi se me raja el alma y se me escapa un poco de vida.

En un momento de ruptura con el mundo del arte, que ha terminado en divorcio, me apetecía volver a mis años de juventud, cuando con mi caballete plegable, mi maletín completo de tubos y pinceles, también con todos los sueños e ilusiones, me alejaba de la ciudad para pintar paisajes del natural. Poco a poco me acercaba más a la torreta, unido a los paseos que con mi pareja solemos realizar con frecuencia por esas playas, mi retina y mi interés fue fijando mi atención en la desvencijada construcción. Pensaba, que a pesar de su abandono por todos, irónicamente la banda azul corresponde a los años donde se desplomaron las torres auxiliares, una en la mar, ya con una inclinación importante y la otra en la playa, que a mí me cuesta creer que con su cimentación pudiera derribar el viento en 1999 y el 2000. A pesar de todo, ella ha conseguido durante muchos años ser propicia su base para refugio de la fauna marina autóctona mas diversa, lugar preferido para pescadores a pulmón libre y también a los que inician el arte del buceo. Para los pescadores, imagino que punto de referencia para sus artes de pesca y situación geográfica con respecto a la costa. Para el visitante, algo extraño que no sabe para que sirvió, y si su curiosidad se anima, es posible que algún vecino sepa informarle someramente.

No tiene cartel ni explicación del porqué de su existencia, solo la visible ruina de su estado que denota la desidia de parte de un pueblo por su historia y la dejadez de los responsables de preservar las señas de identidad de su ciudad. Ya no se puede nadar a su alrededor, ya no sirve para los chavales que la utilizaban subiendo por la cuerda y los cables colgantes hasta su base para luego lanzarse al agua, ya solo un cartel extraño a su construcción avisa del peligro de derrumbe. Debe sentirse sentenciada, sin esperanza, sin sentido para su existencia, aunque un día, mucha gente en diferentes barcas, algunas hinchables gritaban alrededor, sin saber si era por ella, gestos en su defensa, pero luego volvió el silencio, y a cada temporal se desprende un trozo más y también un trozo de nuestra alma, porqué el tiempo no perdona.

Agradezco a todos los que me han ayudado en éste proyecto. Personas, muchas, que si nos importa nuestra Torreta. Ricardo Alario Alario.